¿Frío o Calor, Crioterapia o Termoterapia?

By | 31 diciembre, 2011

El frío y el calor se han utilizado desde siempre como medida terapéutica en casos de inflamación muscular, golpes, caídas, etc. Aplicados en la zona dolorida desinflaman y calman, pero más allá de la sabiduría popular conviene distinguir qué situaciones necesitan de uno o de otro para ayudarnos a recuperar la normalidad. Conocer los usos terapéuticos del frío y el calor nos permitirá combinar su aplicación para recuperar el estado de salud lo más pronto posible y de la forma más óptima.

dolor muscular

Dolor muscular causado por la tensión y el estrés.


El tratamiento terapéutico con frío (crioterapia) es muy adecuado para mejorar o reducir inflamaciones recientes causadas por lesiones traumáticas como esguinces, rotura de fibra muscular o golpes (especialmente cuando hay hematoma). Cuando aplicamos frío en la zona dolorida los vasos sanguíneos se cierran y desciende la temperatura local. Con ello se consiguen disminuir también los agentes que producen la inflamación, aliviando el dolor de forma progresiva. Para aplicar frío podemos utilizar almohadillas frías (“cold packs”) previamente enfriadas en el congelador o hielo envuelto en una toallita. Basta con aplicarlo 15 minutos para que los efectos duren un par de horas. Hay que tener presente que si lo usamos durante un tiempo prolongado corremos el riesgo de quemarnos la piel.  En caso de sufrir de varices o mala circulación en las piernas, es muy recomendable darse una ducha de agua fría en las extremidades inferiores. La crioterapia está contraindicada en personas con piel reactiva al frío, diabetes, enfermedades cardiovasculares graves o con trastornos renales o de hígado.

El tratamiento con calor (termoterapia) se basa en la teoría de que el calor permite dilatar los vasos sanguíneos y facilitar la circulación de la sangre. A diferencia de la crioterapia, está indicado en el caso de sufrir inflamaciones antiguas (producidas días atrás), ya que esa vasodilatación permite aliviar el dolor y ayuda a recuperar la movilidad y mejorar la rigidez muscular. Lo ideal es aplicar una temperatura que oscile entre los 34 y 36 grados mediante lámparas de calor, paños calientes, bolsas de agua, parches con efecto calor o esterillas eléctricas. También se puede optar por los baños de vapor o las saunas secas, siempre vigilando no superar los 58 grados. La termoterapia está contraindicada en personas con cardiopatía, apendicitis, inflamaciones agudas del aparato locomotor y pacientes que tomen anticoagulantes, siendo cauto si se llevan implantes metálicos.

Fuente: “Saber Vivir”. Número 97. 2011
Imagen: femenino.info

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