Publicado en noviembre 16, 2007 Iván de León No hay comentarios
En el postulado anterior contábamos como fueron sucediendo los éxitos y fracasos en la historia del bienestar. Hoy en dÃa sabemos que las funciones bioquÃmicas crÃticas que se realizan con el ejercicio, las vitaminas, los minerales y los suplementos nutrimentales se llevan a cabo a un nivel molecular versus celular. Y debido a que cada célula está compuesta de miles de millones de moléculas, estas funciones no se pueden detectar aún con un microscopio óptico.
Hasta la relativamente invención del microscopio de electrón, que aún no se ha generalizado como el óptico lo fue en el siglo XIX, los cientÃficos no pudieron estudiar la estructura molecular de las células ni cómo funcionan.
Esto condujo a que la mayorÃa de entrenamiento de las escuelas de medicina occidentales virtualmente ignoren, aún hasta nuestros dÃas, la importancia de la nutrición y el efecto de las vitaminas, minerales y suplementos naturales.
Durante el siglo XX, al mismo tiempo que, mientras la medicina occidental ignoraba la importancia de la dieta y el ejercicio como prevención de la enfermedad y el envejecimiento, la cantidad de ejercicios realizado por las personas disminuÃa, debido a los artÃculos que ahorran trabajo en el hogar y las máquinas en el lugar de trabajo. La cantidad y variedad de vitaminas y minerales en nuestras dietas bajó conforme el alimento se volvió más procesado y menos variado. Y el porcentaje de grasa en ellas aumentó el 73 por ciento -de más o menos el 20 por ciento de nuestras calorÃas en 1910 a cerca del 35 por ciento en la actualidad. Estos y otros factores contribuyeron a la epidemia de obesidad y mala salud que tenemos en la actualidad, sembrando las semillas de la revolución del bienestar que está a punto de empezar.
Fuente: El próximo trillón, Paul Zane Pilzer, pp. 54-55
¿Crees que la revolución del bienestar apenas está empezando o ya la estamos viviendo? ¿Qué opinas?
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